Las islas de Ons, Sálvora, Cíes o Arousa son grandes exponentes de turismo litoral en la costa gallega e impulsan la demanda de billetes barco Rías Baixas. Pero esta franja costera cuenta con otros reclamos ‘olvidados’, como la isla de La Toja.
Situada en el municipio de O Grove, en la comarca do Salnés, La Toja es una isla de ciento diez hectáreas con menos de cincuenta habitantes. Su entorno natural otorga a sus enclaves de interés turístico un atractivo especial: la Iglesia de las Conchas, la Aldea dos Grobits, la playa Dos Fornos, la tienda ‘La Toja Manantiales’, etcétera.
Sin embargo, los viajeros de alto standing encuentran aquí una joya oculta: el Gran Hotel La Toja, un balneario de cinco estrellas con doscientas habitaciones, entre las que se incluye una suite real y tres presidenciales. Su arquitectura elegante y refinada sorprende a propios y extraños, obra del arquitecto Daniel Vázquez-Gulías y fruto de la visión del marqués de Riestra.
La edificación del Gran Hotel se remonta a los primeros años del siglo veinte, y está fuertemente influenciado por balnearios famosos en la Europa de la época, como el Hotel Balneario Vichy Catalan.
Conocida como Illa da Toxa entre los locales, la isla era conocida en tiempo de romanos como Louxo. Carecía de población estable, y su única vegetación eran unos arbustos llamados tojos. Al hallazgo de unos baños termales en el siglo diecinueve, sigue la creación del Balneario de La Toja que daría origen el mencionado Gran Hotel.
Además del balneario, La Toja es el hogar de la Capilla de San Caralampio o «de las Conchas», iglesia de cruz latina que debe su apodo popular a los miles de conchas de vieira que decoran enteramente su fachada. Está consagrada al patrón de las enfermedades de la piel, San Caralampio.