“Debes escribir tu experiencia, las mujeres lo leerán”. Varias amigas insistían mucho en que contara por escrito lo que había vivido desde que me diagnosticaron cáncer de mama. Nunca me lo tomé muy en serio hasta que una amiga sufrió el mismo problema y yo fui su principal ayuda, gracias a mi experiencia. Entonces me di cuenta de que tal vez tenía una responsabilidad: si podía ayudar a una persona, por qué no intentar ayudar a miles de ellas.
Cuando un médico te empieza a hablar de carcinoma de mama todo se vuelve nebuloso: decenas de emociones contrapuestas se agolpan en la cabeza y una no sabe bien cómo debe sentirse. Ese es uno de los problemas: ¿no sabes como “debes” sentirte? La ansiedad hace que los primeros días o semanas tras recibir la noticia sean muy delicados. Por eso es importante rodearse de personas y que estas tengan sentido común. Lo primero, evidentemente, es importante pero lo segundo casi más. De nada sirve tener al lado alguien que te ame si se comporta de forma más alocada que uno mismo.
Todas estas reflexiones comenzaron a pasar a mi ordenador en el que se fue tejiendo, poco a poco, un libro sobre el cáncer. Desde luego, no pretendía decir cosas muy originales: al final la mayoría de las personas que padecen esta enfermedad viven cosas parecidas, pero también es cierto que cada uno es de su padre y de su madre.
Lo que yo hago en el libro es, primero, describir todo mi proceso personal, desde el momento en el que oigo el término carcinoma de mama. Y después, en una segunda parte, doy consejos según la experiencia que acumulé primero como enferma y después ayudando a otras personas enfermas.
También hablo de temas difíciles, no pretendo que sea un libro en el que todo sea de color de rosa: un porcentaje de mujeres que tienen cáncer de mama mueren. Y digo morir porque es eso lo que hacen, no desaparecen ni pasan a mejor vida: mueren. Y es que en última instancia lo que intento con el libro es también enseñar a morir, si es que alguien puede enseñar algo así en vida.