Más del setenta por ciento de los jóvenes españoles sufre acné. El ácido salicílico, la fototerapia, los antibióticos, la isotretinoína y un largo etcétera de tratamientos han demostrado su utilidad para combatir este trastorno cutáneo. Pero no todas estas soluciones son eficaces para las pieles grasas. Aquí es donde entra en juego el retinol, un principio activo ampliamente recomendado por dermatólogo especialista acne en Vigo.
Hablar de retinol es hacerlo de un derivado de la vitamina A, presente en multitud de cosméticos y productos dermatológicos gracias a sus beneficios. Su aplicación tópica está indicada para mantener a raya la producción de sebo, una sustancia aceitosa que las glándulas sebáceas generan de forma natural. Cuando esta alcanza niveles alarmantes, empeora los síntomas del acné. De ahí que multitud de cremas y geles etiquetados como «antiacné» se formulen con retinol.
Además de disminuir la obstrucción de poros, el retinol incide sobre la regeneración celular, un mecanismo que reemplaza las células muertas o debilitadas por otras nuevas. De este modo, cumple una función similar a los exfoliantes, sin el uso de químicos ni compuestos artificiales.
Las cicatrices figuran entre los efectos colaterales más temidos del acné severo. Estas imperfecciones cutáneas pueden atenuarse con ayuda del retinol, ya que actúa sobre los fibroblastos que producen la elastina y el colágeno, dos proteínas que desempeñan un papel crítico en la salud y estética de la piel.
El uso del retinol y otros retinoides debe ajustarse a las indicaciones del experto en dermatología. Cuando se aplica de forma brusca o en cantidades inadecuadas, produce sequedad, enrojecimiento, picazón, descamación y otros efectos secundarios.
Tampoco debe usarse como medida de prevención. En este caso, la tirita no ha de ponerse antes que la herida. La aparición de los síntomas tempranos del acné es el momento idóneo para iniciar un tratamiento de retinol.